Corea apuesta a la paz

Cuesta creerlo: los líderes de Corea del Sur y del Norte, juntos y acordando la paz. Son los mismos que hace sólo meses se amenazaban mutuamente de hacerse desaparecer del mapa, con las armas nucleares de Corea del Norte y las de Estados Unidos. Desde 1953 ambos estados han mantenido, técnicamente, un estado de guerra. No es fácil simplificar las variadas razones de este vuelco sorprendente, aunque en verdad, no es la primera vez que ocurre. Se intentó en 2000 y en 2007, con breve duración y sin resultados. Tal vez ahora hay mayor espectacularidad, amplificada por los medios de comunicación, declaraciones estridentes, y el factor Trump, con todo lo que ello implica de inesperado. El mismo que amenazaba con el fuego exterminador a Kim Jong-un si pasaba de las amenazas y pruebas de misiles a la agresión a algún territorio norteamericano, o de otro país aliado. Cuesta pensar también que el propio vicepresidente Pence, hace poco, visitó Chile para exigirnos cortar toda relación con Corea del Norte.

Por cierto, Kim ha adquirido una dimensión mundial insospechada y alcanzado un lugar con su nación como país nuclear. Ni pensar en que estos acercamientos alteren su régimen y se abra a libertades que su dinastía jamás otorgará. Tampoco renunciará a su culto personal. Sin ellos no existiría. Sólo concesiones simbólicas, como igualar los horarios y mostrarse conciliador. Las sanciones internacionales seguramente han tenido grandes efectos en su población. Lo medular está en el desarrollo atómico, su principal carta de negociación. Podrá acceder a su control y hasta a la eliminación temporal de su arsenal, a cambio de ayuda de todo tipo, de levantar las sanciones, y no volver a ser considerado una amenaza. Es decir, transformarse en un igual entre pares. Un gran logro para el país más hermético y que fuera hasta hace poco el mayor peligro del planeta.

Trump también obtendrá lo suyo. Recupera su liderazgo en esa región, sin provocar a China y a Rusia. No obstante sus crecientes divergencias, a los países vecinos de Corea del Norte este nuevo intento de normalización les conviene. Y naturalmente a Corea del Sur, que ha vivido decenas de años temiendo a sus vecinos del norte.

Se requiere suma prudencia para observar estos hechos, y nada está garantizado. Pero son gestos importantes y esperanzadores, por ahora.

 Samuel Fernandez Illanes

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