¿Chile desarrollado?: Ruta abierta y disponible

El macizo apoyo electoral que recibió Sebastián Piñera proviene de una clase media que, según cifras del Banco Mundial, hoy constituye ya el 65% de la población, y resulta también evidente que este extendido sector social asume posiciones sensatas y prudentes. Lo anterior le otorga al nuevo Presidente la necesaria legitimidad y ocasión para desarrollar sin complejos su programa de Gobierno, concebido éste para acercarnos como país al mítico umbral del desarrollo, tarea ésta en la que el país ha retrocedido el último cuadrienio de gestión presidencial. Los antecedentes disponibles y serios sobre los países contemporáneos que han dejado atrás el retraso y el subdesarrollo, nos demuestran que en todos ellos se consolidaron inicialmente procesos sociales de modernización, de amplio alcance, que incorporaron el modelo de economías abiertas, libres y de mercado, una arquitectura institucional, especialmente la de carácter constitucional, que impulse y también dialogue con la estrategia de desarrollo económico, y el surgimiento y persistencia de liderazgos y políticas públicas consistentes y compatibles con lo anterior, desplegadas con solvencia técnica. Sobre este particular, es muy importante tener presente que Chile también se benefició de un proceso de modernización integral similar al evocado anteriormente, introducido y materializado por el Gobierno de las Fuerzas Armadas durante la década de los ochenta, y consistente en las amplias y categóricas reformas económicas de libre mercado, un nuevo diseño del orden institucional completado con una nueva Carta Fundamental y también con la introducción de una forma de conducción y autoridad política empeñada en impedir la división y el quiebre social que fracturó nuestro estado de derecho en 1973. Por tanto, nos parece indesmentible que las trascendentes reformas recién evocadas ya situaban a Chile, en el punto de partida en esta difícil carrera por alcanzar el desarrollo pleno. En los decenios posteriores, y hasta el retroceso sufrido durante la gestión Bachelet II, Chile fue acercándose al umbral del desarrollo, como lo comprueba y certifica el crecimiento exponencial de nuestra clase media. En el momento presente la indesmentible capacidad de gestión, experiencia ya vivida en el cargo y moderadas convicciones del Presidente electo Sebastián Piñera, auguran que podemos lograr un avance real que nos acerque a la meta del desarrollo, a condición, claro está, de no alejarnos de los principios básicos y estructuras que dan sustento al modelo y estrategia de desarrollo asumidos exitosamente por nuestro país a partir de las trascendentes reformas ántes reseñadas. Así, por ejemplo, un aspecto básico y central en este camino estratégico es la afirmación de que corresponde al esfuerzo e iniciativa creadora de las personas, individualmente o asociadas en los denominados cuerpos intermedios, convertirse en el verdadero motor del crecimiento y desarrollo social, materializándose así una virtuosa sociedad libre y meritocrática en la que cada cual pueda crecer y desarrollarse cumpliendo con un plan de vida libre y voluntariamente asumido, por cierto al interior de un contexto social liberado de obstáculos innecesarios y privilegios inmerecidos que puedan debilitar el despliegue efectivo de la libertad personal. Porque en realidad no debemos olvidan que una sociedad abierta y próspera, en la que de verdad prevalece el mérito personal, genera explicables desigualdades justificadas precisamente por el aporte meritocrático que hayan hecho sus integrantes. En síntesis el 11 de marzo próximo se inaugura una definitivamente nueva etapa en nuestro accidentado tránsito histórico hacia el progreso, confiados esta vez en que la prudencia y moderación de nuestros electores han entregado el relevo de esta carrera a un equipo conductor con solvencia y voluntad para acercarnos al éxito.

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