Miedo

El próximo 19 de noviembre, en un acto cívico electoral junto con la renovación total de los integrantes de la Cámara de Diputados y parcialmente del Senado, se votará en primera vuelta para decidir los dos candidatos que deberán someterse, en segunda vuelta, a la elección de Presidente de la República.

Como es obvio, la elección que mantiene un mayor interés es la relativa al destino de la primera magistratura por sobre las demás decisiones que deben adoptarse. Este mayor interés también se refleja en los mecanismos que se ponen en juego en la elección y que fueron sabiamente decididos por el constituyente del ochenta.

Aquel, conocedor de nuestra historia política constitucional, reflexionó para que nunca más la primera magistratura fuera alcanzada por minorías temporales, ideando al efecto el mecanismo de la segunda vuelta para la seguridad de que el país fuera gobernado por quien contara con a lo menos la mitad más uno de los votantes.

Pues bien, esto es lo que está en juego el próximo 19 de noviembre y no otra cosa; usted elegirá, en el ámbito presidencial, entre qué dos candidatos –de los ocho en carrera- que pasarán a la segunda vuelta.

Lo anterior, que resulta obvio, hoy es manipulado por algunos a través de las redes sociales generando miedo en el electorado que aspira a un cambio radical de rumbo en los destinos de la patria. Se les llama a votar con el “voto útil” o se les conmina a no darse un “gustito”. Dicho sea de paso, si de gustitos se trata ya el candidato de centro ha dado cátedras en la materia cómo el cierre de un penal, o el llamado telefónico pasando sobre el ordenamiento ambiental, entre muchos otros.

Digamos por de pronto que el miedo es muy mal compañero y aun peor consejero. Corresponde a la angustia por un riesgo o daño real o imaginario o al recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea; es en definitiva, un estado de ansiedad mental en la posibilidad de sufrir un daño. Ello es absolutamente irreal para quienes aspiran al cambio de gobierno; ese día sí o sí a lo menos pasará un candidato que supone tal cambio a la segunda vuelta, de acuerdo con las encuestas, que él mismo financia, con holgura y facilidad. La cuestión entonces es quién pasará con él.

El miedo entonces, en cuanto estado de ansiedad mental, afecta la voluntad de sujeto que actúa y por ello el acto que ejecuta deja de ser uno verdaderamente libre. Lo cierto es que quienes llaman a actuar con miedo ya han demostrado que el mínimo ético con el que nos gobernaron es tan bajo que no alcanza a suponer una exigencia para nadie, salvo, por supuesto, en materias patrimoniales. Dejando de este modo no sólo el acto de la elección vacío de contenido, sino toda la misma aspiración de cambio, y condenando a ese mismo cambio a ser sólo una quimera que, por no llevarse con convicción, nos condena más temprano que tarde a que vuelvan los desalmados de siempre a destruir la patria.

Jorge Reyes Zapata
Abogado

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