Modelo económico

Señor Director:

En un artículo de opinión publicado en este diario el día 17 de mayo último, el senador Adolfo Zaldívar embiste nuevamente contra lo que él denomina el “modelo económico”, que, en su opinión, estaría en “total contradicción con los valores” que profesa la DC. Adicionalmente, Zaldívar demoniza la institucionalidad y la estrategia para nuestro desarrollo económico, asegurando que se trataría de un modelo impuesto por el general Pinochet.

Ambas afirmaciones, creo yo, deben ser respondidas desde la vertiente donde fluye la doctrina cristiana, para demostrarle al senador cuán débil es la sustentación de sus juicios. Así, en primer lugar, cabe recordar que el mal llamado “modelo” se sostiene o fundamenta en importantes libertades básicas que consagra la Constitución, y éstas, a su vez en precisos valores o principios muy caros al pensamiento cristiano y a la doctrina contenida en las encíclicas sociales. De esta forma, la Carta Fundamental reconoce y asegura aquellas libertades inherentes a la persona humana, como lo es la libertad de escoger una creencia religiosa, para opinar o para desarrollar actividades económicas lícitas (esta última, ¿por qué separarla de las anteriores?) y la consecuente obligación del Estado de asegurarlas y respetarlas de verdad, asumiendo para este fin un papel subsidiario inconciliable con la pretensión de restituirlo en su antiguo carácter de Estado todo poderoso e interventor. Y por cierto, además, el órgano también deberá asegurar y respetar la autonomía de las sociedades intermedias, agentes principales éstas del progreso, innovación y crecimiento económico-social del país.

Es decir, tales normas y valores son el macizo respaldo de la exitosa estrategia económica en vigencia, y nada hay en estas libertades, si efectivamente se cree en ella, que pugnen con los valores que presuntamente sustenta el partido al que pertenece el senador Zaldívar.

Y, desde luego, y apartándonos e caer en un enjuiciamiento político sobre el régimen militar, debe reconocerse que no es en nada “demoníaca” la sabia decisión del general Pinochet de insertar la economía chilena al interior de los valores y libertades antes reseñados.

Gustavo Cuevas Farren

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