Bajo Crecimiento

Señor Director:

En carta publicada el 25 de febrero, don José Miguel Rodríguez S. Nos invita a tomar conciencia del pobre e insuficiente crecimiento económico que Chile registró el año 2006, inquietante situación ésta que, sin embargo, la contingencia seria y la farandulera del presente no ha permitido que reciba una mayor atención de las autoridades, medios de comunicación y actores políticos.

Al respecto creo interesante señalar que este pobre desempeño ya es conocido y evaluado por otros países en América Latina. Así, tengo a la vista un análisis que, destacadamente, incluye el diario uruguayo “El País”, uno de los más influyentes, edición del 20 de febrero. Bajo el título “Chile entre los que menos crecieron”, se indica que nuestro país se ubica, en cuanto al crecimiento del PIB, en “un pálido noveno puesto en el ranking de los países de América Latina”, alcanzando entonces “su peor ubicación de los últimos 25 años”. Más inquietante aún: consigna la información que incluso Perú y Bolivia consiguieron un crecimiento superior al de Chile.

He traído a colación lo informado en este importante periódico uruguayo porque es propio de nuestra idiosincracia y hábitos tomar en serio las opiniones, datos o consejos que nos llegan desde el exterior y subestimar aquellos surgidos entre nosotros, y espero que por ello que lo anterior ayude a colocar este serio tema en las agendas pública y comunicacional. Y también lo he hecho porque sobre el alcance de este problema no es posible eludir dos otros temas derivados del anterior. El primero es no olvidar que Perú y Bolivia, política y socialmente inestables, han podido sin embargo crecer más que Chile; y el segundo, es recomendable no perder de vista que nuestra inquietante (¿inexplicable?) desaceleración económica se ha instalado como una deprimente realidad prácticamente desde el año 2000 en adelante, coincidiendo esto con la insistente promoción, desde el gobierno, de una legislación que sobrerregula la actividad económica y ata las manos de los agentes impulsores del desarrollo económico, es decir, inversionistas, empresarios e innovadores en general. Y coincidiendo, asimismo, con la reiteración de un discurso público de los gobernantes que, explícita o más encubiertamente, postula la reconstitución de un “Estado de Bienestar” que, aunque voraz y monopolizador, se requeriría para suprimir o paliar presuntas injusticias de cuya existencia aparecería como responsable el sistema económico.

Gustavo Cuevas Farren

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