Reformas Constitucionales

Señor Director:

En su columna publicada en este diario el 11 de octubre, Patricio Zapata se regocija por el acuerdo político firmado entre el Gobierno y el Senado con el fin de introducir diversas modificaciones a la Constitución las que, según la opinión del columnista, la convertirán en un documento más compatible con el ideal de la democracia occidental moderna.

No puedo compartir el regocijo del señor Zapata. Primero porque es de lamentar y muy preocupante que algunas de estas reformas, probablemente las más significativas, como lo son las relativas a la nueva integración del Senado y la sustitución del sistema para la designación de los ministros del Tribunal Constitucional, afianzarán el pleno control que los partidos políticos ejercen sobre estas fundamentales estructuras del Estado. Así debilitarán el carácter técnico y políticamente neutral que necesariamente debe exhibir dicho Tribunal (¿alguien lo podría dudar?) y convertirán al Senado – que está llamado a cumplir un trascendente papel como órgano decisorio en importantes nombramientos de altas autoridades públicas, entre ellas los integrantes de la Corte Suprema, y llamado también a actuar en el proceso de formación de la ley como un órgano que debe aportar moderación y seria reflexión al estudio legislativo – en una virtual caja de resonancia de la voluntad de las directivas políticas, como ya sucede en la Cámara de Diputados.

Tampoco puedo compartir la afirmación del señor Zapata en cuanto a las presuntas debilidades de nuestra Carta Fundamental. Desde luego, la Constitución de 1980 ha presidido y conducido efectivamente todo el proceso institucional del país que se ha desarrollado a partir de 1981, alentando una transición ordenada y pacífica desde el gobierno militar hasta la instalación de los gobiernos civiles que nos rigen hasta hoy, y haciendo posible igualmente la consolidación de un clima de estabilidad política e institucional que permite a las personas disfrutar en plenitud de los derechos fundamentales que les reconoce la Constitución, ignorados o simplemente suprimidos en épocas pretéritas. Sabios preceptos y eficaces recursos, como el de protección, por ejemplo, han dado paso a una sociedad que en el presente goza de espacios de autonomía y de libertad que antes no se conocieron.

Gustavo Cuevas Farren

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