Elecciones Norteamericanas: Significado y Proyecciones

Por su carácter de Estado federal, en el territorio de Estados Unidos coexisten 2 tipos de autoridades políticas superiores: cada uno de sus 50 estados miembros cuenta con un gobernador, una asamblea legislativa y tribunales, y Washington es la sede del Gobierno federal o central, que es ejercido por un Presidente, por el Congreso Federal y por la Suprema Corte de Justicia. Por lo tanto, en las elecciones del 5 de noviembre sólo estará en juego la permanencia o renovación de ciertas autoridades de este poder central y excepcionalmente las de 11 gobernadores estaduales.

El electorado escogerá los candidatos que ejercerán las funciones de Presidente y de Vicepresidente por un período de 4 años; elegirá por 2 años al total de la Cámara de Representantes, y por 6 años a un tercio de los integrantes del Senado; y adicionalmente también elegirá 11 de los cargos correspondientes a las gobernaciones mencionadas.

El sistema político norteamericano, por lo tanto, bajo el influjo de la realidad federal, es generador de una saludable descentralización estatal, que estimula la existencia de un mejor equilibrio político entre las instituciones de gobierno, lo que hace posible a su vez que se pueda garantizar una protección más eficaz de las distintas libertades individuales.

Es necesario destacar, asimismo, la vigencia de otros factores que en conjunción con el anterior explican la presencia de un vigoroso pluralismo social y político: el Congreso federal y, en especial el Senado, ejerce atribuciones y cumple un rol que es de tanta importancia como el del Presidente, lo que se traduce en un sistema de contrapesos que impide el desborde de un poder sobre otro. Pero es forzoso recordar igualmente que la gran influencia que en ese país detentan los diversos medios de comunicación social convierten a la opinión pública en un riguroso controlador y vigilante de la gestión del gobierno, fortaleciéndose así la democracia norteamericana.

«El proceso electoral que tendrá su culminación mañana, no es de aquellos que vaya a producir cambios profundos o dramáticos”.

En otro ámbito de la vida política de ese país, la existencia de fuertes movimientos de opinión ciudadana surgidos al interior de la sociedad civil, junto con potenciar el pluralismo antes mencionado, operan también como otro de los contrapesos con capacidad para frenar cualquiera desviación despótica de alguna autoridad política.

Podremos desprender de lo expuesto que el proceso electoral que tendrá su culminación mañana no es de aquellos que vayan a producir cambios profundos o dramáticos en el modo de vida o en el funcionamiento de las instituciones de Estados Unidos, como tampoco el Presidente norteamericano será un gobernante tan poderoso como suele creerse a menudo a partir de su condición de Jefe de Estado de la primera potencia mundial.

Justamente, el tema de las relaciones exteriores, es decir, la preocupación por el papel de Estados Unidos en el mundo y por los consiguientes problemas de carácter internacional, no son asuntos que inquieten al electorado norteamericano o que puedan determinar su comportamiento, antes bien, serán los temas domésticos y, de entre estos, los relativos a la situación económica y a los impuestos, lo que por su impacto sobre los votantes inclinarán la balanza electoral.

Gustavo Cuevas Farren

Director de la Escuela de Derecho
Universidad Las Condes

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