Nido roto

El colegio Nido de Águilas se ve envuelto en un escándalo que llegó a los Tribunales de Justicia y que cuestionó los métodos de su rector, para intentar expulsar a tres alumnos.

El 16 de septiembre pasado, tres adolescentes fueron llevados cada uno a una pieza distinta, para ser sometidos a un interrogatorio. El proceso, que se desarrolló en inglés y ante la presencia de dos inquisidores, pretendía hacerlos confesar su participación en una publicación de carácter clandestino, escrita también en idioma anglosajón e impresa originalmente en una hoja de computador. Empleando un antiguo método policial, se les dijo reiteradamente a cada cual que sus otros dos compañeros habían asumido la culpa y que era mejor que hablaran.

Esta sesión, que bien podría ser extraída de un filme de espionaje, es parte de un episodio de la vida real chilena. Se celebró en las dependencias del colegio santiaguino Nido de Águilas, uno de los más prestigiosos del país, y tuvo como protagonistas a tres alumnos del establecimiento (Juan Carlos Paredes, Antonio Menéndez e Iván Galleguillos) y a su rector Clifford Strommen. El segundo interrogador era – como consta en un fallo de la Corte de Apelaciones- “un asesor que sería un detective de la embajada norteamericana”.

El hecho – que hoy sus tres protagonistas adolescentes quisieran olvidar- comenzó a gestarse en agosto del año pasado, al iniciarse la distribución en las aulas, baños y casilleros de los alumnos de esa institución educativa, un boletín anónimo llamado “Broken nest” (nido roto). Se trataba de una fotocopia de tamaño carta, impresa por ambos lados, que analizaba el acontecer del establecimiento con fuertes críticas. Estas fueron consideradas un agravio por el colegio, especialmente por los ataques directos a Strommen, su máxima autoridad.

Por eso, cuando esta institución educacional, la más cara de Chile, festejaba sus 60 años, en noviembre del año pasado, Paredes, Menéndez y Galleguillos tenían muy pocas ganas de celebrar. Poco antes habían sido suspendidos de clases por 10 días, con la amenaza de ser expulsados a la brevedad. Strommen, norteamericano de nacimiento, estaba convencido que ellos habían sido los redactores del folleto que fue calificado en su momento de “injurioso y obsceno”.

En rigor, las groserías no habían quedado al margen de la circular. Según un apoderado del colegio, el pasquín “aunque tenía algunos errores, estaba bien escrito. La presentación era novelesca, pornográfica y muy ingeniosa”. Este último elemento habría llevado a sospechar de estos tres integrantes del último grado. Juan Carlos Paredes, colombiano, es uno de los 13 candidatos para optar al diploma de Bachillerato Internacional y es un buen alumno; Antonio Menéndez, uruguayo, tiene un promedio 6,3 y ha participado en los Juegos PanAmigos en Paraguay y Chile; e Iván Galleguillos, chileno, es un alumno calificado como “distinguido”.

Los tres se destacan por su inteligencia, buen manejo del idioma anglosajón y las computadoras. Tales capacidades, sin embargo, no son de su exclusividad. Durante los 12 años de enseñanza escolar, los alumnos del Nido de Águilas reciben todas las materias en inglés. Actualmente, además, toman clases de computación y tienen acceso a 125 terminales. Este colegio, que en este momento tiene 943 alumnos, debe gran parte de su prestigio a su alta exigencia académica, a la enseñanza personalizada y a que sus integrantes puedan postular a cualquier universidad del mundo.

Al egresar, junto con el diploma de la educación secundaria chilena, reciben el norteamericano y el del Bachillerato Internacional. El año pasado, por ejemplo, de los 51 graduados, sólo unos 10 ingresaron a universidades nacionales. El nivel socioeconómico de las familias de sus estudiantes se refleja en los aranceles, que oscilan entre los $200.000 y más de $300.000 mensuales.

El rector Clifford Strommen propuso firmar un acuerdo que certificaba que los alumnos expulsados se habían graduado, a cambio de que éstos no volvieran a pisar el colegio.

A pesar de que la comunidad escolar acepta que la dirección del instituto perseguía desenmarañar una situación grave – originada en el grueso tono de los textos de “Broken nest”- los procedimientos empleados por Strommen desencadenaron oposición al interior del establecimiento. Más de cien alumnos reunieron sus firmas en una carta enviada a la administración del colegio, para manifestar su desacuerdo por el trato que se dio a sus compañeros. En la parte final de la misiva expresan: “Los estudiantes fueron suspendidos de clases sin ninguna evidencia concreta. Sentimos que los derechos individuales de estos estudiantes fueron ignorados, no recibieron el beneficio de la duda y que el caso no ha sido manejado de una manera éticamente aceptable”.

Asegurando su inocencia y decididos a no abandonar las aulas a un semestre de su egreso, los tres afectados decidieron sacar el asunto fuera de las paredes del instituto y recurrieron a los Tribunales de Justicia, protagonizando de paso un caso inédito en el país. Gustavo Cuevas Farren, abogado de los tres alumnos, señala: “Pese a la presión que recibieron, ninguno reconoció en el momento del interrogatorio alguna participación en el boletín, porque ellos son inocentes”.

La misiva entregada por los estudiantes a la rectoría se transformó en un verdadero anticipo de lo que sería el fallo de la cuarta sala de la Corte de Apelaciones, emitido el 16 de noviembre pasado. En él se señala que los alumnos fueron sometidos a una indagatoria de características desusadas para el medio en que ésta se desarrolló. “Aparte de habérseles aislado previamente, se utilizaron los servicios de un asesor (…) quien empleó procedimientos propios de las instituciones policiales”. Agrega que “las medidas sancionatorias dispuestas carecen de una debida ponderación, primero, y luego de una adecuada fundamentación”.

Pese a que los padres de los tres jóvenes se acercaron al colegio ese mismo 16 de septiembre, para exigir las pruebas de la acusación, Strommen se limitó a responder que había solicitado la cooperación de los alumnos para resolver el caso y que no podía dar a conocer la fuente. Diez días más tarde, los padres asistieron a una segunda reunión, nuevamente con la esperanza de ver alguna prueba de los hechos. Esa vez el rector manifestó que sólo las mostraría al directorio del colegio (integrado por 11 apoderados y los cuatro directores del establecimiento), a mediados de octubre.

Para cualquier jurista, el fracaso del colegio ante el recurso de protección que interpuso el abogado Gustavo Cuevas Farren en favor del derecho a la educación de los tres jóvenes era inevitable. Las pruebas no llegaron a manos de los apoderados ni de la corte, pues el colegio no se defendió. Cuevas sostiene que lo que interesaba a Strommen era un escarmiento frente a los demás alumnos, para que el folleto no volviera a aparecer.

Para lograr que los supuestos responsables no regresaran al colegio, el rector propuso el 5 de octubre un convenio a los apoderados, el que fue calificado como “inmoral” por uno de ellos. Se trataba de firmar un acuerdo en que el colegio se comprometía a considerar alumno graduado al pupilo en cuestión (aún les faltaba casi un año de estudios), y a entregarle su diploma del pan internacional. Además, el establecimiento enviaría las notas y archivos académicos a la universidad que ellos eligieran. El precio de este acuerdo era que no volvieran a pisar el colegio. Los padres rechazaron la oferta. Curiosamente, esa misma tarde el establecimiento recibió una llamada de la corte comunicándole la aprobación del recurso de protección.

Ilusionados con la idea de que el ambiente de hostilidad concluiría tras el fallo, los alumnos fueron a clases al día siguiente. Pero para Strommen la batalla no estaba perdida. Cuevas explica que “el rector entró en desacato al no recibirlos, con el pretexto de que la corte no tendría jurisdicción sobre su colegio y alegando que tenía que consultar a su abogado”. En ese momento, además, se ofreció un segundo convenio a los padres, según confesión de los apoderados en el caso. Los pupilos seguirían estudiando en el Nido de Águilas, con derecho a dar exámenes finales, pero sin asistir al aula. Los padres no aceptaron.

En plena conmemoración de los 60 años del colegio, el 7 de octubre, los estudiantes suspendidos volvieron a las aulas, después de que el abogado Cuevas llamara a un receptor judicial para asegurarse de que la orden de la corte fuera respetada.

Este escándalo muy bien guardado entre las paredes del colegio Nido de Águilas, situado en 60 hectáreas de Lo Barnechea, es explicado por un apoderado que prefiere guardar el anonimato: “El rector no se ha ganado el cariño de la gente. Los alumnos lo perciben como una persona prepotente, distante y autoritaria”. Una profesora, por el contrario, asegura que Strommen es una persona abierta, y explica la diferencia de opinión en que los alumnos no están en contacto directo con él, pues el rector dirige a tres directores, para encargarse de los problemas mayores”. Uno de ellos es la inversión de US$ 2 millones en construcción de un nuevo edificio de 7.000 metros cuadrados, que casi duplicará el tamaño del colegio.

Strommen se hizo cargo de la conducción del Nido de Águilas en 1990, luego de ser seleccionado entre una terna de directores que postulan de distintos países del mundo. “El salió elegido por sus virtudes y condiciones de buen administrador”, agrega la profesora. Lo cierto es que hasta que él llegó solía cambiar de director cada dos o tres años. Strommen llevaba cuatro años en el cargo y fue confirmado por dos años más, a partir de julio de 1995.

La poca simpatía que despierta en un sector del alumnado se demuestra en comentarios de los propios pupilos que, desconociendo que su currículum es excelente, afirman que su estilo de conducción se debe a que viene de un colegio de Brooklyn, uno de los barrios más difíciles de Nueva York. La verdad es que Strommen (59 años, casado, dos hijos) tiene una larga experiencia al mando de colegios similares al Nido de Águilas.

Ha estado a la cabeza de establecimientos por seis años en Sao Paulo, ocho años en Zambia, y cinco años en India. Inició su carrera docente como profesor, para luego hacerse cargo del área deportiva de colegios en Estados Unidos. Cuenta, además, con un doctorado en educación, de la Universidad de Houston. Algunas suspicacias apuntan sobre todo al estilo personal del director, quien disfruta cada vez que lo llaman “doctor”.

Empleando viejos métodos policiales, los alumnos fueron interrogados por un asesor del colegio, que sería detective de la embajada norteamericana.

Una de las grandes contradicciones en este caso es que, mientras el código de conducta del colegio anuncia que el propósito de los procedimientos disciplinarios “no es castigar sino modificar el comportamiento”, a estos tres alumnos de cuarto año no se les dio oportunidad de reivindicación y se les aplicó la medida más drástica que contempla el reglamento del recinto educativo. Esto, tal vez, se explique en gran parte, por la poca simpatía que siente Strommen por los alumnos que no respetan la disciplina. “Me produce mayor simpatía el que tiene problemas de aprendizaje porque lo puedo ayudar más, que al indisciplinado”, explica.

“Son valientes de haberse quedado en el colegio”

Las siguientes son declaraciones extraídas del proceso judicial, cartas, informes y entrevistas sobre el tema.

Se me dijo en seguida, que dos ‘cómplices’ ya había confesado su culpabilidad y, a su vez, me habían incriminado a mí. Les repetí insistentemente que ellos estaban en un error, y no fui atendido en lo absoluto. El asesor del colegio se quedó callado por un buen rato, mientras me miraba firmemente a los ojos. Reiteré el error en el que se encontraban, a lo que se me ordenó guardar silencio. El asesor se acercó aún más y gritó: - Mentiroso, tus dos cómplices me dijeron que eras tú, luego eres tú. ¿Por qué habrían ellos de mentir?”

Declaración de Juan Carlos Paredes.

Y me preguntaron si nos habíamos puesto de acuerdo en contestar lo mismo, y otras cosas, como el afirmar que yo era muy inteligente y que redactaba en una buena manera y que por esto no podía ser inocente. Que si acaso tenía un computador y al contestar ‘si, tengo uno en casa’, exclamaban irónicamente ‘¡qué bien debes usarlo…!'''

Declaración de la madre de Iván Galleguillos, quien relata lo que le contó su hijo para el caso.

Volvieron a preguntarme lo mismo, y no pude decir otra cosa de que no podía creerles que Iván hubiese mentido para dañarme a mi. ‘Pero lo hizo’, fue la respuesta que obtuve, y me dijeron que hiciese lo mismo, puesto que no valía la pena mentir para proteger a alguien que ya te delató”.

Interrogatorio de Antonio Menéndez.

Es una injusticia”.

Madeleine Avivi, embajadora de Israel quien tiene a un hijo matriculado en el Nido de Águilas, refiriéndose a la experiencia que enfrentaron Menéndez, Galleguillos y Paredes.

Son valientes de haberse quedado en el colegio. En los días más tensos, más de un amigo les dijo: “Yo no sé si tú no eres, pero si no eres culpable está encubriendo al que es”.

Declaración de un compañero.

En la tarde del 5 de octubre asistimos al colegio convocados por el Sr. Strommen, quien nos ofreció a cambio del retiro definitivo de nuestros hijos, otorgarles el diploma del Plan Internacional como si hubieran completado el año, lo cual rechazamos. Esto no nos parece serio; dudamos que sea legal y que concuerde con los reglamentos de la Southern Association of Colleges and Schools”.

Carta de los padres afectados a los miembros de la Junta directiva.

Es una pena que en un colegio con tan buenos antecedentes esté pasando por esta situación de crisis”.

Luis Escobar Cerda, apoderado del colegio Nido de Águilas.

Pedimos a Uds. que el colegio Nido de Águilas repare el daño moral sufrido por nuestros hijos a través de una declaración del colegio, que reivindique la honra y el buen nombre de ellos, en la que se reconozca lo injustificado de la acusación del Sr. Strommen y lo arbitrario de su proceder…”.

Carta de los padres a la dirección del colegio, después del fallo. No hubo respuesta.

 

Autor: Verónica Foxley y Solange García
Fuente: Revista Qué Pasa

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