Hechos políticos de 1985 (I)

En julio y en septiembre, en cumplimiento de algunos compromisos académicos, tuve la ocasión de visitar Francia y España, y aprecié entonces que en esos dos países la elevada cesantía y el bajo crecimiento económico eran los dos problemas que mayor angustia producían a sus trabajadores, a las capas sociales medias y al empresariado, enturbiando unas relaciones sociales y políticas que en ambos países son cada vez más inciertas y cambiantes. Chile, en el otro extremo del mapa geográfico, también sigue sufriendo de iguales males; los que han agitado su vida política con expresiones de protesta social o de simple violencia, que dificultan, sin lugar a dudas, el deseable restablecimiento ordenado y pacífico del régimen democrático de gobierno. Salta a la vista, por lo tanto, que la interdependencia que hoy existe entre las naciones de Occidente se expresa, igualmente, en la existencia de estos problemas negativos y ensombrecedores, significando ello que durante 1985 se ha acentuado la “internacionalización” de tales dificultades económicas y laborales.

No obstante lo señalado, en el año que termina la ratificación del Tratado de Paz y Amistad con Argentina se presenta como un hecho verdaderamente trascendente y positivo, que compensa, en buena medida, el saldo negativo que se deriva de los anteriores. Es justo reiterar el concepto de que el Santo Padre encontró en la prudencia y paciencia del Gobierno chileno, particularmente las del presidente Pinochet, un leal y oportuno colaborador, con el cual pudo contar siempre, particularmente en los momentos difíciles, para llevar a una feliz conclusión el difícil proceso de mediación. Concluida ésta, los chilenos esperamos que la insensata desconfianza y hostilidad que por tantos años separó a las dos naciones, sea sustituida por una integración amistosa y productiva, que otorgue la fortaleza y optimismo que los dos países necesitarán para enfrentar, unidos, el desafiante mundo del siglo XXI.

En materia de política interna, la designación en el mes de febrero de los ministros García y Büchi en las carteras de Interior y Hacienda, respectivamente, se puede interpretar en el sentido de que el gobierno militar reitera su posición de prescindencia de la política partidista, así como su deseo de insistir en la mantención de los aspectos esenciales de la política económica que ha venido aplicando a partir de 1974, sin ningún tipo de concesiones populistas; estimo que la figura del ministro García, un hombre culto, inteligente, pero sin pasado político, y la personalidad  y destrezas que ha exhibido el Ministro Büchi, avalan adecuadamente la interpretación precedente.

Quiero recordar, además, en relación con el punto anterior, que en los últimos meses del año el Gobierno ha vuelto a proclamar que su misión fundamental es la instauración de un nuevo orden político, social y económico que se proyecte con vigor más allá de 1989: estas son las ideas principales que contienen las charlas o exposiciones públicas que los ministros García y Cuadra han pronunciado en diversas regiones del país, y que se encuentren también en los más recientes discursos del Presidente de la República. Se trataría, en definitiva, de una reafirmación del carácter “fundacional” que tiene la obra emprendida por el actual régimen de gobierno, afirmación ésta que los sectores políticos de oposición han interpretado, con suspicacia y evidente incomprensión, como una prueba o demostración de que los gobernantes aspiran a su propia permanencia en el poder, una vez que hayan finalizado los plazos de la transición (Continuará).

Gustavo Cuevas Farren

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